Derechos, deberes y valores

Derechos, deberes y valores
El maltrato infantil atenta contra los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes

martes, 11 de enero de 2011

Educar a los niños y niñas para que estén alertas ante el maltrato y el abuso sexual



El abuso del que son víctimas a diario miles de niños, niñas y adolescentes es un tema que está rodeado por el silencio, de quienes lo viven (victimas) que por temor, vergüenza o ignorancia no lo denuncian y quienes lo infringen (victimarios) que se hacen más fuertes dentro la impunidad.
Este silencio se rompería en la medida en que los docentes, los padres y las personas preocupadas por esa situación eduquen a los niños y la colectividad a denunciar a pedir ayuda, y porque no a gritar en busca de auxilio cuando alguien les haga daño o intente tocarlos con intención de dañar su integridad. Y es que ellos pueden gritar, pelear y defenderse cuando otro niño los molesta o les quita algo, entonces porque no educarlos para que ante lo que consideren una invasión a su privacidad e integridad se defiendan, ¡grita muy fuerte cuando alguien te quiera hacer daño! ¡Grita y pide ayuda cuando alguna persona toque tus partes intimas! Y en general aquello que consideren de acuerdo a lo que han aprendido que no está bien, expresiones como esta He oído decir muchas veces a los padres de mis alumnos.
Gracias a estos consejos, algunos niños han logrado prevenir situaciones de riesgo y adquieren el valor y la seguridad para afrontar situaciones de abuso o maltrato. Hoy son pocos quienes lo hacen puesto que aun existen ciertos tabúes en torno a ese terrible flagelo y sólo uno de cada 10 niños consigue denunciar un abuso, sin temor de no ser escuchados. Por eso es importante crear conciencia sobre la necesidad de no callarse frente al abuso sexual, el maltrato y la violencia, además que ellos perciban que son libres para poder hablar y denunciar, sin temor a que no les crean, o a que les culpen por lo sucedido. Resulta difícil ante tanto silencio lograr detectar un abuso, aun cuando hay algunas señales que pueden ayudar a los padres y educadores a identificar un posible abuso, sobre todo para los docentes quienes a diario pueden observar conductas que se salen fuera la norma en algunos niños, como por ejemplo cambios repentinos en la alimentación, alteraciones de conducta o de sueño infantil. El niño empieza a tener continuas pesadillas, y a estar más nervioso de lo normal, cambios de humor repentino. Según http://es.wikipedia.org/wiki/Abuso_sexual_infantil#Los_indicios_de_posibles_abusos
Existen dos grandes tipos de indicios37 que pueden sugerir la existencia de abusos sexuales sobre un menor: los problemas conductuales y las dificultades emocionales.
En el primer tipo se incluyen, entre otros, problemas como el fracaso escolar, la negativa a hablar o a interrelacionarse afectivamente con los demás, la tendencia a la mentira, la promiscuidad y excesiva reactividad sexual, los ataques de ira, las conductas autolesivas, la tendencia a la fuga y el vagabundeo, etc.
En el segundo tipo se encuentran dificultades como la depresión, la ansiedad, la baja autoestima, los sentimientos de impotencia, la dificultad para confiar en los demás, determinados síntomas psicosomáticos (dolores en diversas partes del cuerpo, por ejemplo), trastornos del sueño o, por el contrario, deseo constante de refugiarse en él, etc.
Según la Red de Ayuda a Niños Abusados, RANA, el abuso ha aumentado. Hoy, 1 de cada 4 niñas y 1 de cada 6 niños lo sufren, principalmente en el entorno familiar o más cercano. La prevención es primordial. Como padres, lo primero que debemos aprender es a escuchar a nuestros hijos. Transmitirles confianza y respeto, sólo así ellos se sentirán seguros para compartir con nosotros sus preocupaciones y miedos, y a "gritar" que están siendo víctimas de un abuso.
No olvidando que el abuso debe ser denunciado, nunca se ha dicho que padres es fácil sin embargo la sociedad actual nos exige más en el cuidado y atención a nuestros niños y niñas, esta es una sociedad cambiante, y nos impone exigencias cada vez más grandes lo que implica un tarea más ardua la responsabilidad de educarlos, cuidarlos y formarlos.
La Convención de los Derechos del Niño, establece en su artículo 19 que es obligación del Estado proteger a los niños de todas las formas de violencia y maltrato por parte de padres, madres o cualquier otra persona dedicada a su cuidado. Sin embargo, este problema sigue presente tanto en las primeras potencias mundiales como en los países en vías de desarrollo, y lo más curioso es que es en el seno de la familia donde más se abusa de los niños donde, según las estadísticas, el padre y la madre representan el más alto nivel de violencia ejercida hacia los niños, seguidos de padrastros, madrastras y otros.
El abuso sexual constituye una experiencia traumática y es vivido por la víctima como un atentado contra su integridad física y psicológica, y no tanto contra su sexo, por lo que constituye una forma más de victimización en la infancia, con secuelas parcialmente similares a las generadas en casos de maltrato físico, abandono emocional, etc.5 Si la víctima no recibe un tratamiento psicológico adecuado, el malestar puede continuar incluso en la edad adulta.

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