Derechos, deberes y valores

Derechos, deberes y valores
El maltrato infantil atenta contra los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes

domingo, 15 de mayo de 2011

"Hay una enorme frustración que genera violencia"


CIUDAD | 07:37 a.m.
Entrevista a: Oscar Misle, educador y cofundador de Cecodap

¿Qué pasa con el sistema educativo venezolano? ¿Está de espaldas a las nuevas realidades? Oscar Misle, educador y cofundador de Cecodap, no se lo piensa dos veces. "Sin duda, está de espaldas, ¿por qué lo digo? Porque se incrementa la violencia y la insatisfacción, porque lo pedagógico está vencido". De alguna manera, se ha quedado desfasado, no responde a las necesidades de los nuevos tiempos. "Tendríamos que preguntarnos si es un sistema realmente, si es un sistema orgánico, articulado, coherente, o si es una suma de iniciativas sueltas, que se van implementando de manera espasmódica, que no permiten dar respuesta a situaciones que exigen políticas integrales e integradas".
Igualmente, y desde el punto de vista legal, también hay problemas a considerar. "Las leyes para garantizar la convivencia y el éxito de la misión educativa son contradictorias o dejan vacíos". Y para muestra un botón. "Tenemos una Ley Orgánica de Educación que no está reglamentada", advierte Misle. "Lo que ha hecho que todo se resuelva a través de medidas alternas, acentuando la discrecionalidad en la aplicación de las normas".El venezolano es dado a pensar que con nuevas leyes se resuelven los problemas. "A mí me parece que eso es ilusionismo, porque no es así", afirma Misle.

El tema de la violencia escolar es un auténtico tabú en la sociedad venezolana. ¿Cuántas agresiones violentas se cometen en las escuelas? Nadie lo sabe, aunque se cree que el fenómeno va en aumento. Se cuelgan videos de salvajes golpizas entre alumnos de primaria en las redes sociales y se reseñan lesiones personales con armas blancas e incluso armas de fuego que bien podrían abrir las páginas rojas de los periódicos.
A Cecodap (Centros Comunitarios de Aprendizaje), cuya misión es la prevención de la violencia escolar y la promoción de la convivencia familiar y estudiantil, llegan un promedio de dos solicitudes semanales de instituciones educativas, públicas y privadas, para que se implementen en sus aulas programas que contrarresten las agresiones físicas o verbales, el maltrato corporal, el chalequeo entre alumnos y otros manifestaciones de violencia escolar.

Oscar Misle, cofundador de esta organización, afirma que las solicitudes van en alza y que cada vez más son colegios privados los que acuden a Cecodap. El libro Violencia en los pupitres, cuyos autores son el propio Misle y otro educador, Fernando Pereira, se agotó apenas salió de la imprenta. "Eso quiere decir que hay una necesidad, una inquietud. Entonces, hay un incremento real de la violencia en los centros educativos del país y lo digo no solamente por lo que uno lee o escucha, sino por lo que uno ve".

¿Cuáles serían las causas de ese incremento dramático de la violencia en las escuelas?Son varias. Definitivamente, es multicausal. Vamos a empezar por el hogar. Desde el momento en que aprendes que tienes que recibir golpes de alguien para cumplir con las expectativas y ser bueno, y además, la persona que te pega te dice "acuérdate que te pego porque te quiero", voy aprendiendo que es válido ser agredido por alguien que tiene más poder o más autoridad. Entonces, cuando voy a la escuela y tengo un problema con el compañero, le pego justamente porque no cumple con las expectativas, pero resulta que luego me castigan en la casa justamente por haberle pegado. Los muchachos terminan diciendo "no entiendo por qué la que tiene la exclusividad de pegarme es mi mamá o mi papá porque me ama". Es lo que te vas encontrando como psicoterapeuta y se da un hecho muy paradójico: cuando la madre encuentra formas no violentas de educar a su hijo, el niño empieza a sentir que lo rechaza, que no lo quiere, porque ya no le pega.

¿La agresión física se convierte en un medio para lograr un objetivo?Sí, por aquello de que el fin justifica los medios. Entonces, tenemos un factor familiar donde se valida, se legitima la violencia. Tenemos, además, un factor escolar e institucional, que va contra la formación de los niños, niñas y adolescentes. El niño va a aprender en las aulas, sentado durante muchas horas, alineado en filas, dándole la espalda al compañero, de tal forma que no puede vincularse con el otro, no hay proximidad con el prójimo y, además, en la hora de recreo, resulta que "no grites, no te expreses, no llores, no te pongas bravo"; las emociones, que son necesarias en el ser humano, comienzan a reprimirse. Nos encontramos con que no hay pupitre para lo socioemocional. No hay espacios para que los niños conversen con sus maestros o profesores guías lo qué están viviendo.

¿Por qué los casos de violencia escolar son cada vez más dramáticos, más preocupantes? ¿Por qué hay ensañamiento?La respuesta es compleja y no puede descontextualizarse. La escuela es un reflejo del país. En Venezuela la violencia se ha cotidianizado. Se asume, por ejemplo, como un hecho normal que en un fin de semana se contabilicen 50 homicidios. Si subes al Metro y ves que no funciona, eso genera malestar, pero tienes que reprimirlo. Si además sientes que hay una creciente impunidad, porque de poco o nada sirve que denuncies a un delincuente que te asaltó, esa sensación de estar desprotegido genera mucho miedo y el miedo reprimido se convierte en rabia. Hay una reacción frente a distintas amenazas.

¿Cómo se ve eso en las instituciones escolares?Frente a una amenaza, como es perder la vida, los muchachos de cuarto grado, por ejemplo, llevan cuchillos en los morrales. No estoy hablando de puñales, sino del cubierto de su casa. Cuando les preguntas ¿por qué? te dicen que es para defenderse. Perder la vida es una realidad y, además, vienen con la advertencia de "no te quedes en la calle, acuérdate que hay peligros, acuérdate de que hay riesgos". Eso genera una emoción que te pone a la defensiva. Otra amenaza es que puedas perder la libertad de comunicar lo que estás sintiendo. ¿Con quién hablo? ¿A quién le manifiesto lo que me genera incertidumbre, dudas, angustia? En los colegios privados es un drama, porque las familias están trabajando o están en el Blackberry o en las redes sociales. Estoy hablando lo que me cuentan los muchachos. Entonces sienten que el Blackberry, el Faceboock o el Twiter son más importantes que ellos. La gente se comunica virtualmente.
El hecho de que los padres hayan construido su mundo virtual y que los niños, a su vez, hayan hecho lo propio, sin que haya, además, una conexión entre uno y otro, ¿qué está incubando?Ahí se está incubando un sentimiento de abandono. La única forma de comunicarme con el entorno es a través de lo virtual. Por lo tanto el espacio que permite la intimidad, ese espacio que me permite saber lo que soy y reconocerme, está cada vez más amenazado por lo virtual. Esa insatisfacción de no sentirme parte, de no sentirme integrado o incluido dentro de mi medio familiar -¡y de lo cual no se habla!-, propicia la idea de que sólo a través de lo virtual hay contacto, hay conexión con el mundo, pero cuando hablas con el grupo de muchachos, y estoy hablando de una forma sistemática, 70 muchachos de seis colegios, por ejemplo, ante la pregunta de qué harían ante un apagón electrónico, ellos plantean que sería el fin del mundo, ni se te ocurra, ni lo digas, ¿por qué? Y la palabra es que nos sentiríamos profundamente solos. Es la peor soledad, la soledad en la que estoy acompañado. Eso genera mucha frustración y por tanto es un detonante para la violencia. ¿El miedo nos une, pero el mundo virtual nos separa?El otro temor es que me quiten lo que es mío. Si vas a los colegios privados te dicen que temor es que me quiten la casa, que me invadan el terreno, que me secuestren; si vas a los sectores populares… que me roben, que me quiten los zapatos, que me quiten alguna pertenencia. Entonces, el miedo a perder la vida, a expresar lo que siento, a que me quiten lo que es mío se convierte en otro detonante, porque genera defensas permanentemente.

De forma soterrada, se podría inferir que la crispación política, la polarización, está influyendo en el aumento de la violencia escolar, ¿no se trata de una justificación que sirve para todo? ¿Realmente tiene un asidero real?No estoy hablando desde la perspectiva de que hay posiciones políticas distintas o proyectos de país diferentes. Hablo más bien de cómo la escuela representa en micro lo que se da en la sociedad. Un elemento que sí hemos constatado es la intolerancia al diferente. En las instituciones educativas hay una profunda intolerancia hacia el que piensa distinto o hacia el que tiene una posición diferente ante la realidad, o características personales diferenciadas: desde el color de la piel, pasando por la creencia religiosa, hasta la orientación sexual, o incluso una discapacidad. Es lo que se conoce como el chalequeo, que no es otra forma que utilizar mi poder para descalificar a alguien, frente a unos testigos, porque es distinto o saca buenas notas. La excelencia académica se criminaliza. Esa persona siente que los caminos de conexión van reduciéndose y hasta el suicidio llega a ser la salida desesperada ante el acoso o el chalequeo permanente.

¿Qué necesidad tiene un chamo de robarle un Blackberry a otro?Eso de quitarle al otro lo que es suyo, aunque lo pueda comprar es algo que mueve a una reflexión interesante. ¿Por qué lo hacen? Las respuestas que dan los muchachos ofrecen algunas pistas. Dicen que eso de quitarle a un compañero una de sus pertenencias, sin ser descubierto, es algo que da popularidad. A lo mejor no les interesa el celular, pero el hecho de transgredir la norma, es una especie de retaliación ante un sistema educativo, en el cual sienten que no tiene autonomía. Ciertamente, es una forma equivocada de interpelar a la institución, de desconocer sus normas de convivencia.

¿Entonces, por qué lo hacen?Los docentes venezolanos no estamos preparados para atender esta nueva realidad, donde lo socioemocional, lo socioafectivo y lo psicosocial no lo aprendemos en la universidad. Aprendemos sí a transmitir conocimientos, incluso con tecnologías avanzadas. Pero lo que vas detectando, en las conversaciones con los propios muchachos y adolescentes, es que la escuela se ha tornado aburrida.
La escuela, como mecanismo de transmitir información, no puede competir con los buscadores de información, entre otros Google. El muchacho siente que las tecnologías ofrecen información mucho más rápido, mucho más ágil. La escuela está en permanente conflicto y el Blackberry, que es una computadora de mano, se considera una amenaza, porque el docente se sabe en desventaja. ¿Qué pasa? El aburrimiento se convierte en otro factor generador de violencia… porque no logro conectar lo que el profesor me enseña con mi vida práctica. El muchacho comienza a retar, a molestar y los colegios aplican sanciones. Se cree, equivocadamente, que la salida al comportamiento inadecuado es una sanción.
A partir de mañana arranca la Semana del Buen Trato, justamente para llamar la atención sobre lo que acontece en las escuelas y las acciones para prevenirlo.

Hugo Prieto Gustavo Frisneda
Fuente: http://www.ultimasnoticias.com.ve/Noticias/Ciudad/-Hay-una-enorme-frustracion-que-genera-violencia-.aspx

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