Derechos, deberes y valores

Derechos, deberes y valores
El maltrato infantil atenta contra los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes

miércoles, 15 de junio de 2011

Jugar es más que un derecho

Psic. Anaís Barrios Flores

La Ley Orgánica de Protección del Niño, Niña y Adolescente establece que jugar es un derecho. Es un derecho en tanto es una necesidad de vida y forma parte del respeto a la infancia y al niño en el ejercicio de la misma.

Muchos no saben que jugar es una de las actividades fundamentales en el desarrollo de los niños. Y es que, el niño es niño porque juega constantemente. Su naturaleza lúdica es inherente a su interés de crecer y desarrollarse, empleándola para la autoexpresión, descarga, exploración y el aprendizaje.

El infante construye, destruye y reconstruye su realidad, elabora conceptos y significados, socializa, desarrolla habilidades y aprende a descubrir sus limitaciones, inventa y se ajusta a reglas cuando juega.

El juego le permite al niño elaborar lo que vive, bien sea recreando o representando situaciones placenteras o desagradables, llevando a la acción por medio de su fantasía e imaginación lo que siente, le preocupa, alegra, incomoda, perturba, anhela y necesita. Es la manera más natural y espontánea que el niño emplea para relacionarse y comunicarse, es su lenguaje más genuino.

Jugando se integra a la cultura donde crece y configura su identidad y personalidad.

La mejor forma de conocer a un niño o niña es observándolo jugar y podemos acercarnos y comunicarnos de manera más fácil con él, si nos involucramos en sus juegos o lo invitamos a jugar; en vez de intentar emplear sólo conversaciones sin ninguna acción que nos integre y facilite un contacto real.

Para el niño jugar es algo serio, importante. La mayoría de los adultos no entiende esto, y suelen transgredir e irrespetar los momentos de juego del niño, bien sea porque le dicen cómo debe hacerlo, cómo debe tratar los juguetes, porque se involucran sin su consentimiento, se burlan de su fantasía o lo sacan del momento de juego sin previo aviso. Parece que a veces olvidamos cuando fuimos niños y lo gratificante y significativo que es jugar ¿Cuántos de los que tuvimos la oportunidad de jugar mucho, solemos recordar con ilusión y alegría esos momento?

Poseer en nuestras memorias recuerdos cálidos, divertidos, traviesos, alegres y afectivos depende mucho del juego, de su cantidad e intensidad en nuestras vidas.

Los padres y docentes pueden formar parte de esos recuerdos cuando en el ejercicio del respeto y el buen trato comprenden que el juego es el instrumento del niño para escalar sus etapas evolutivas.

Brindar espacios para jugar, estimular al niño y jugar con él, es responsabilidad de todos. Con ello, no sólo cumplimos con su derecho sino que le brindamos las herramientas para que se convierta en un adulto sano, cognitiva y emocionalmente desarrollado. Además que crecemos junto a él desarrollando y fortaleciendo habilidades personales y vínculos afectivos plenos y satisfactorios.

El juego no sólo nos hace capaces para el disfrute y la comunicación, nos hace sensibles y libres. Jugar es cosa seria, forma parte de crecer con la experiencia del encuentro, la alianza y la construcción de una vida y un mundo mejor.

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