Derechos, deberes y valores

Derechos, deberes y valores
El maltrato infantil atenta contra los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes

martes, 21 de mayo de 2013

Crianza al Día: Cuando la mala conducta del niño es un grito de auxilio- Anaís Barrios




Muchos niños llegan a consulta psicológica porque, según sus padres y/o maestros, presentan mala conducta y ya no les pueden “controlar”.

Es importante saber que un niño no se porta mal porque quiere, porque le gusta que le peguen o regañen, como suelen pensar algunos padres desesperados. El comportamiento disruptivo de un niño y su dificultad para integrarse socialmente, son señales de que algo en alguna de las áreas de su vida no marcha bien. Un niño se porta mal para demandar, a través de su comportamiento, la satisfacción de una necesidad. Los niños, a diferencia de los adultos, no poseen la capacidad para verbalizar sus necesidades y problemas. Muchos de sus comportamientos inadecuados forman parte de su inmadurez y constituyen la única herramienta que tienen para decir “no me siento bien, algo me ocurre”.

Detrás de su agresividad, oposicionismo, berrinches, intolerancias, groserías o problemas académicos pueden estar demandando una necesidad de seguridad, atención, afecto, comprensión, autonomía, límites, respeto u otra. Algunas veces, reclaman saber algo que se les esconde, como en el caso de niños adoptados o de aquellos cuyos padres tienen otra familia paralelamente, lo mismo que aquellos que no conocen a alguno de sus padres. Otras veces demandan que descubramos algo que les ha pasado y los ha lastimado o lastima, como cuando han recibido algún maltrato en la escuela o de parte de la familia. Y en la mayoría de las ocasiones su mal comportamiento es reflejo de nuestras improvisaciones, incongruencias, inconsistencias y ausencias al momento de criarlos, aunque ello parezca fuerte decirlo.

Es por ello, que los padres deben estar muy atentos respecto a las manifestaciones del niño, aun cuando “siempre se haya portado así”, o cuando de un momento a otro cambia su comportamiento de manera negativa. Antes de juzgarlos y desesperarse por no poder manejar su comportamiento, es necesario observar bien el entorno del niño y ver si está necesitando algo en su vida. La observación constante, que no tiene que ver con la vigilancia y el control, así como el acercamiento afectivo hacia el niño, desarrollarán la intuición que como padres necesitamos para saber en qué momento nuestro hijo espera ayuda de nosotros o cuándo los que requerimos esa ayuda. Porque no lo estamos haciendo del todo bien, somos nosotros.

El mundo psicológico del niño es muy sensible y vulnerable, sobre todo si vive en entornos o situaciones donde sus necesidades y derechos están siendo olvidados, desatendidos o violados. Muchas veces detrás de un niño con “mala conducta” se encuentra un grito silencioso de auxilio, que si desatendemos, puede marcar desfavorablemente su vida de adulto y felicidad.
Estar atentos y abiertos a comunicarnos con nuestros hijos, comprenderlos, aceptarlos, aprender a observarlos, así como a observarnos a nosotros mismos, es trazar un camino de prevención, una manera de evitar que ese mal comportamiento, que debería ser pasajero, termine por formar parte de su personalidad y, lamentablemente, se llegue a un punto sin retorno.

fuente: psic.anaisbarrios@gmail.com

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